Los gemelos del barrio. Reflexiones sobre la maternidad

Os voy a contar una historia.
Había una vez unos papas primerizos embarazados de gemelos idénticos. A pesar de que les costó digerir la noticia de la multipaternidad estaban alegres y esperaban a sus bebes llenos de entusiasmo y con grandes expectativas. Los bebes nacieron antes de lo previsto y pasaron algunos días en la UCIN. Su estancia en el hospital hizo a la mamá renunciar a la lactancia materna.
Meses después era habitual ver a la mamá en chandal en la calle a las 10 de la mañana paseando a los gemelos. Las noches en vela rodeada de llantos eran muy largas y salir a la calle le proporcionaba la tranquilidad que le permitía seguir cuerda. El papá llegaba a la tarde del trabajo, ojeroso , malhumorado y preparado para otra noche desquiciante.
La imagen era totalmente desoladora.
Meses después nacieron unos mellizos en la bloque de al lado, los míos, también estuvieron en la UCIN. Mis bebes dormían sin problemas (colechamos) tomaban lactancia materna a demanda y teníamos otra hija. Paseábamos con una sonrisa en la boca, la sonrisa que te proporciona poder disfrutar de tus bebes. Esto no quiere decir que el camino fuera fácil, las piedras que me fui encontrando en el camino fuero grandes y pesadas pero las pude esquivar con éxito, no porque sea más valiente o tenaz que otras mamás, simplemente lo tuve más fácil. Mi marido pudo estar los 5 primeros meses conmigo, mi madre nos hacia la comida y ayudaba a Papá con la logística, mi única tarea era criar a mis 3 hijos. Tener a Olivia antes que a los mellizos me hizo criarlos con algo más de tranquilidad. La maternidad para una mamá primeriza es dura y la multimaternidad es tremendamente dura.
Una tarde los papás de los gemelos nos pararon para explicarnos que había dormido, estaban contentos y relajados. Habían utilizado el método Estivill. Casi me muero allí mismo, qué barbaridad! Los miré y volví a ver su felicidad. Los niños dormían por la noche y durante el día los papás estaban descansados y podían mimarlos, jugar, pasear…tenían paciencia, estaban disfrutando de la multimaternidad. Los comprendí.
La historia de los gemelos me ha hecho pensar mucho estos años.
Sigo sin estar de acuerdo con el método, jamás lo pondría en práctica con mis hijos. Y digo “jamás” desde mi realidad, desde mi maternidad sin noches en vela, con niños sanos, con el apoyo de mi marido…Si mi realidad fuera otra, quizás este “jamás” sería un “tal vez”.
¿A qué viene esto? Esto viene a que empiezo a estar harta de las lecciones, de la incapacidad de ponerse en la piel de otro, de la falta de sensibilidad, de la criminalización que se hace de ciertas prácticas. Y que conste que yo también he dado lecciones y he criticado pero leer ciertas cosas duele, y mucho. Una cosa es explicar nuestras experiencias o dar nuestra opinión y otra dar lecciones y creernos mejores por haber dado el pecho o no dejar entrar a Estivill en casa. Si una mamá ha intentado la lactancia materna y después de mucho sufrimiento decide dejarlo, ¿quién soy yo para decir que no lo ha intentado suficiente? o ¿quién soy yo para hacerle creer que no quiere tanto como yo a su bebe? NADIE.
Tengo muy claro quién soy y qué creo que es lo mejor para mis hijos, pero me equivocaré cientos de veces, otras abandonaré y muchas  ni lo intentaré. Y no por ello seré mejor o peor mamá, simplemente seré UNA MAMÁ. Mientras tratemos con amor, cariño y respeto a nuestros hijos seremos las mejores madres del mundo, con biberón, con teta, con colecho,  en su cuna…

El post está basado en hechos casi-reales 🙂

 

¿Quién quiere compartir?

“Cariño, debes compartir con los nenes. Si traes al parque un juguete debes dejárselo a todo aquel niño, conocido o no, que te lo pida y jugar con ellos te guste o no” y seguirá un monólogo en mi mente más o menos así: Ya sé que te gusta mucho, que antes de salir has estado pensando mucho rato que juguete ibas a coger, que lo has traído para poder jugar en la arena, que con él disfrutas mucho, que lo cuidas como si fuera el único juguete del mundo…Cariño, la mamá todo eso lo sabe, pero el manual de padres políticamente correctos dice que te tengo que enseñar a compartir, eso hará de ti mejor persona y te ayudará cuando seas adulto,bla, bla, bla….Pues a partir de ya dimito de madre políticamente correcta, lo dejo, paso, me piro vampiro, ahí se queda.
Mi decisión empezó a cocerse hace unos días. Había una actividad infantil en la que los peques acompañan a un personaje que tira agua y muchos de los niños llevan pulverizadores para ir mojando al personal. Sabiendo dónde íbamos, cogimos tres pulverizadores para los niños, dos de ellos acabaron en manos de niños ajenos y el tercero lo llevaba Olivia que compartió durante mucho rato con sus amigas. Llegando a la parte más divertida vi como una niña y su madre quitaban el pulverizador a Olivia, que a punto de llorar no fue capaz de decir nada, muy consciente que tiene que compartir no articuló palabra. Muy educadamente pedí que se lo devolvieran, la otra madre me dijo que había que compartir. Respiré y tranquilamente y de manera muy didáctica expliqué que antes de salir habíamos preparado los pulverizadores con ella, habíamos dedicado tiempo a pensar dónde íbamos y qué podrían llevar, que de tres nos queda uno, y la niña lo estaba pasando muy mal. Sin saber qué decir, la pobre mujer me dijo que pensaba que era de la comparsa y por eso se lo estaban quitando. Durante el resto del día me sentí fatal. He pensado mucho sobre lo que pasó ese día y en otros en los que he obligado a mis hijos a dejar su juguete porque otro niño también lo quería.
Mis hijos saben compartir, me lo demuestran cada día. En casa nunca compramos dos cosas iguales, han aprendido a ceder y pedir lo que quieren, a veces discuten pero compartir forma parte de su vida, son tres hermanos y no tienen más opción que aprender o sufrir, de momento están aprendiendo. No son individualistas, no se lo pueden permitir, compartir implica el disfrute común y de eso saben mucho.
Así que he decidido que no voy a obligarlos a dar su juguete preferido si no quieren, confío en ellos y sé que lo acabaran dejando o compartiendo, a su ritmo y si no lo hacen ¿qué hay de malo? ¿A caso yo voy dejando mi Kindle a todas las mamas de parque que quieren leer? ¿O el móvil? Una cosa es compartir los cubitos, las palas, las pin y pon o los animales y otra obligar a Fèlix a dar su muñeco de Sully cuando está jugando tan tranquilo. Cuando mis hijos quieren el juguete de otro niño y este no se lo deja, les explico que es normal, es su juguete y tienen que respetarlo. No actuaba igual si eran ellos los poseedores, les “obligaba” a jugar con alguien con quién ellos no querían o a dar su tesoro más preciado. Esto se acabó.
A pesar de lo contundentes que parecen mis palabras no os creáis que lo tengo del todo claro, no sé si sabré hacerlo, no sé si es lo correcto.

Hormonas, bebes y atontamiento

En unos días la niña cumple cinco años y  cinco años son los que he tardado en tener a mis hormonas a raya. El camino ha sido duro y lleno de lágrimas, tantas que hasta me avergüenza pensar en alguna de las situaciones ridículas que me han hecho llorar a moco tendido. Sé que os pica la curiosidad y que si os digo que he llorado con anuncios de televisión o canciones de Amaral no os sorprenderá, no es para tanto pensareis , ayyy si los adoquines de la calle o la parada del 27 hablase…. Dejar de llorar de emoción cuando veo un capítulo de Llama a la comadrona no ha sido la prueba definitiva que mis hormonas empiezan a pasar de mí, no, la prueba es que ya no lloro cuando alguien de mi entorno me dice que está preñada o acaba de dar a luz. Siento alegría, y punto.
Hasta hace bien poquito me moría de envida cuando veía una embarazada o una mamá amantando a un peque,  envidia que se multiplicaba si los renacuajos eran mellizos Nunca más volveré a sentir dos bebes dentro de mi…nunca más volverán a mamar…pobre de miiii (tono melodramático). Y de pronto, zasca…nada de nada.  Hasta me he alegrado de no ser yo la que está en estado de buena esperanza o con las tetas fueras y prometo que a pesar de estos pesamientos soy buena persona .
Los últimos dos años y medio han sido agotadores, ojeras hasta las rodillas, pelos revueltos, camisetas llenas de mocos (las mías no las de ellos), carreras, lumbalgias y hormonas cabronas. Y justo cuando empezamos a respirar, a poder salir sin parecer que nos mudamos de casa o  dormir a pierna suelta todas las noches,  me doy cuenta que los bebes ya no me producen ese atontamiento que me hacía desear ponerme a parir niños a diestro y siniestro. A veces pienso que lo que me sucede no es hormonal es empacho de bebes.  ¿Sabéis cuantos años llevo cambiando pañales? 4 años y 11 meses y 10 días, nada más que añadir.
Y que conste en acta que mis hijos en la escala de Richter son un grado 4, terremoto moderado, bastante tranquilos. Si le preguntáis a La Loli, la vecina de abajo, igual os dice que son un grado 8, destructivo 😉 No se queja pero estoy segura que se acuerda de la madre de mis hijos algún domingo a las 9 de la mañana.  A lo que iba,  miro atrás veo todo lo que hemos pasado y a pesar de añorar esos momentos y sentir que los meses se me escurren entre los dedos, me siento tremendamente feliz de estar en el momento que estamos y disfrutar de esta nueva etapa que se nos presenta llena de planes y experiencias.  No sé si las hormonas han vuelto a su sitio o al fin he madurado, pero yo ya no cambio más pañales…de momento!!

Hábitos saludables

Hay una serie de hábitos, costumbres y actos que toda buena mala madre debe adquirir, mantener o recuperar, por ella, por su pareja y por sus hijos. Son importantes, diría que son vítales para que pese a las noches en vela, los kilos adheridos al flotador o las ojeras hasta las rodillas no perdamos la sonrisa y el buen humor. Ahí van algunas propuestas:
1-. Bailar. No vale bailar cantajuegos o Violeta. Hablo de bailar sola, da igual si la música no suena, si solo tarareamos una cutrecanción, bailarrrrrrrrrr…….desmelénate!! Recuerda tus noches locas con un cubata en la mano y mueve el esqueleto!
2-. Tomar un café sola, en una cafetería tranquila y mirando al infinito, sin que parezca que estas pensado que has dejado la secadora puesta y cuando llegues no habrá quién planche esos tejanos. Disfruta de algo tan simple como  escuchar la conversación de la mesa de al lado. Pequeños placeres de la maruja que llevo dentro.
3-. Cenar a solas con tu pareja. Vital. Es importante cenar en familia  pero no es delito guardarse un día para estar solas, cenar cuatro delicatessen tonterías , charlar de tonterías y reír.  Yo reclamo todos los sábados mi cena especial y no acepto un no.
4-. Viva el vino!!!!  Tomarte una copa de vino, una cerveza fresquita o un GT después de acostar a los niños. No se crean ustedes que me he lanzado al alcohol, pero una copita de vez en cuando me sienta de maravilla, la saboreo y oye, me quedo en el sofá con un gustirrin…
5-. Hacerte la dormida en el sofá. Es algo que requiere práctica pero una vez que controlas la técnica te libras de levantarte a dar agua a los peques, buscar la zapatilla de la niña o llevar a los melliz al lavabo. Mientras escribo me doy cuenta que estoy cavando mi propia tumba desvelando mi habilidad más oculta, Papá Crusoe me lee. No digo más. Este punto es de muy mala madre, no?
6-. Salir corriendo a darte una ducha largaaaaaaaaaaaaaa, en cuanto los abuelos entran por la puerta, sin importarte que te hayas duchado hace tan solo unas horas. No es una cuestión de higiene es de soledad y privacidad, no tengo muchas oportunidades de ducharme con la puerta cerrada, así que a la mínima aprovecho.
7-. Llamar a casa a la hora de salir de trabajo, si los niños están bien y ya hacen la sienta, fingir que te tienes que quedar un rato e irte de compras o  pasear. Pobres abuelos, jijijiji….
8-. Hacer extraescolares o en nuestro caso extratabajo o extraniños, buscar algo divertido, alguna inquietud y a por ella. Yo voy todos los lunes a las 20h a bailar bollywood y me lo paso teta.
9-. Sentarte frente al armario y dedicar 5 minutos a pensar que te vas a poner. Peligroso porqué 5 de cada 7 días pienso que necesito una camiseta, un pantalón o una chaqueta para combinar y acabo comprando algo.
10-. No desvelar nunca donde escondes el chocolate. Nunca. No te escondas cuando ellos estén en casa, te pueden pillar, espera a que estén en el cole o dormidos. Hay cosas que no se comparten. He dicho.

Con esto acabo. Pensad en estos puntos, crear los vuestros y disfrutad de la maternidad.

Me sobra amor pero me faltan manos

“Me sobra amor pero me faltan manos” ha sido mi descripción desde que nos convertimos en familia numerosa. Tener tres hijos no es tarea fácil, se lo aseguro. Las familias numerosas nos cargamos de dosis extras de paciencia, organización, bueno humor, más paciencia, serenidad, positivismo, valentía, optimismo y un poco más de paciencia. Mientras estos ingredientes sigan en el saco no habrá problemas. Pero no nos engañemos el equilibrio es complicado mantener, si no es por H es por B  y tambaleamos a menudo. Estas semanas han sido de movimientos sísmicos en casa de los Robinson. No se alarmen, no hemos llegado al terremoto.
Vuelvo al principio, “me sobra amor pero me faltan manos”, ahí está el tema. Hasta ahora repartía besos, abrazos y jolgorios de manera espontánea, niño que caía en mis manos, niño que era asaltado por la mamá babosa que llevo en mí. Hace semanas llegaron a casa el Yo también, mimitos, a mí, ¿y yo qué?…  La cuestión es que la vida no me da para más. Me paso las tardes achuchando niños. Los días más civilizados hacen fila, el resto se tiran encima  y reivindican su beso, pedorreta, cosquillas…a riesgo de espachurrarme, con suerte en el sofá. No son celos, ni mucho menos, creo han aprendido a expresar sus necesidades emocionales y tienen competencia. Podrían enfadarse con sus hermanos pero ninguno de ellos lo hace, si quieren besos los pide y punto.  Aún así, estoy al borde de la locura, creedme. Intentar adelantarme al Yo también,  es agotador, requiere concentración y diez ojos, pero en ello estamos.
Por suerte, los temblores se pasan rápido, y cada día me regalan escenas fraternales que harían babear a cualquier madre. Ayer los escuchaba reír a carcajada limpia mientras jugaban a mamás y bebés. Nosotros estábamos en el comedor y  Olivia, la mamá, les decía a sus bebes: Venga, guapos a dormir a la cuna. Buenooo, podéis dormir conmigo. Después de esto las risas solo iban en aumento y decidimos espiar. Estaban los tres en nuestra cama tapados hasta la cabeza y sin luz. El juego más simple del mundo y se lo pasaron en grande. No necesitaron juguetes. Son tres hermanos a la hora de compartirnos y son tres hermanos para  disfrutar juntos. Me encanta en número 3.

¡Padres etiquetados y Olé!

¡Qué duro es ser padres!  Y ser padres etiquetados nos tiene borde del colapso mental. Es muy duro tener tantos frentes abiertos y querer estar fresca cual lechuga ecológica.

Aquí os dejo nuestras  etiquetas y sus consecuencias:

Soy Mamá a favor de la LM (lactancia Materna).  He amantado a los tres y  ha sido gratificante y duro. Dar el pecho a mellizos y empeñarme en que LM sea exclusiva, por mis ovarios, hasta los casi 6 meses me convirtió en un despojo humano.  Lo superé y ahora entiendo a las mamás que dejan de dar teta por cansancio, dolor, angustia…Me siento orgullosa de nuestra lactancia pero creo que si no llevara a mis espaldas, por voluntad propia, la etiqueta de pro-lactancia hubiera disfrutado de otra manera el primer años de los melliz, ni mejor ni peor, diferente.

También somos familia colechadora. Queda super vacilón decir: ¿malas noches? No, nosotros no pasamos malas noches, cuando se despiertan vienen a la cama…ufff…me niego a pasar la noche dando vueltas con el bebé, me lo meto en la cama y punto.  Pero no digo la otra realidad del colecho: Mecagoentó, no puedo ponerme recta porqué he pasado la noche con un niño en el cogote, otro pateándome los riñones y la Niña haciéndome la permanente con los dedos. El colecho mola pero las noches en soledad con mi maridin, sin que ningún minihumano  roce tu lozano cuerpo también molan.

Nos va mucho el Porteo. Damos el pego como familia apañada cuando nos empezamos a colgar niños a diestro y siniestro. Buahh…el otro día colgué al Rubio y al Moreno a la vez y Papá Crusoe me miró con cara de ¿quecoñohaces?¡ te necesito entera, deja de hacer el tonto! Tenía razón, al soltarlos sentí un alivio que no puedo describir. Como buenos portadores tenemos de todo: fular, tonga, mei, bandoleras y mochilas ¡qué no falté de ná¡ Ahora bien, somos más de porteo ocasional salimos con carrito y el porteo solo complementa. O sea, aquí  llevo sólo media etiqueta. Papá Cruesoe aporta mientras  lee el post: Si el porteo me gusta, en serio,  pero tengo la espalda destrozá.

Nuestra librería tiene una estantería reservada a la bibliografía sobre Crianza feliz y respetuosa. Rosa Jové ocupa un lugar privilegiado, tenemos todos sus libros, el de sueño, el de las rabietas, de la crianza…Y este es el punto en el que ahora me siento exhausta. Me pongo tanto en el lugar de mis hijos que estoy al borde de la multipersonalidad. Respiro, cuento uno, dos…catorce, para no dar un grito. Razonamos mucho, tanto que cuando escucho a Papá Crusoe dando explicaciones a los peques pienso:¡ Madre mía que brasa! No me extraña que sean unos santos cualquiera nos  provoca!. Sabemos que nos funciona y lo vemos cada día pero agota. ¿Qué ocurriría si no le diéramos tantas vueltas a las cosas? No seriamos nosotros.

Última etiqueta del post: Ecopapás. Los libros de recetas macrobióticas, huerto urbano, medicina natural…ocupan el tercer lugar privilegiado de la librería. El segundo son los cómics de Papá Crusoe, Mi tesorooooo. Cuando solo teníamos una descendiente, y no teníamos hipoteca, consumíamos productos ecológicos y carísimos. Nacieron el Rubio y el Moreno y todo eso quedó atrás, no nos lo podemos permitir. Hemos plantado unos tomates en el balcón y de vez en cuando miramos con añoranza el libro de recetas con tofu, suspiramos y pensamos: Pa lo que hemos quedao…

En fin, podría seguir hasta aburrir, nos gusta etiquetar todo y a todos, con lo fácil que sería quedarnos con el fondo y no con el nombre (jerga eufemística que decían por ahí). Pero no me ofende ninguna de estas etiquetas, la llevo con orgullo, describen, a medias, nuestra manera de ver el mundo y eso no es malo. Lo molesto son las que se crean sin respeto y para ofender al resto.  He dicho.

 

 

PRIMER EMBARAZO (ÚNICO) VS SEGUNDO EMBARAZO (MÚLTIPLE).

 Advertencia:
Este post no está basado en datos científicos. Todo lo que lean es fruto de mi experiencia, sin informaciones contrastadas ni otras opiniones. Cualquier parecido con vuestras realidades es purita casualidad.
No quiero asustar a las futuras mamás ni aquellas que se estén plantando volver a ser madres. ¿Ok?
Antes de empezar debo contextualizar el segundo embarazo; me quedé embarazada del Rubio y el Moreno cuando La Niña Robinson tenia 18 meses. Para que os hagáis una idea de cómo de diferentes fueron,  os dejo un resumen de mis dos embarazos basándome algunos de los aspectos claves para mi:

PRIMERA ECOGRAFÍA (12 semanas de embarazo)
Primer embarazo. Llegamos a la ecografia con esa cara de primerizos que solo reconoces cuando ya tienes otro hijo. Nos miramos y sonreímos. Estamos muy nerviosos. Empieza. Todo bien. Vemos a La Niña Robinson. Pensamos que esa mancha gris es preciosa. ¡Dios! Se nos caen las lágrimas de ilusión, nunca antes había visto algo tan lindo.
Segundo embarazo. Llegamos con ilusión y con ganas de saber que todo esta bien. Miramos a los primerizos de la sala. Entramos algo nerviosos. Y la cosa va más o menos así:
– Bueno…son dos.- dice la ecografa que piensa que ya lo sabemos.
– ¡Ostía Puta , Cáspita, mi niña!- sollozo yo.
– ¡Olvídate del negro! –me susurra Papá Robinson con voz temblorosa y el rosto pálido

Aclaración: nuestra idea era empezar los trámites de adopción del que debía ser nuestro tercer hijo durante el embarazo del segundo y queríamos adoptar en África. ¡Qué nadie se ofenda! Poneros en nuestra piel.

SALIDA DE LA ECOGRAFÍA.
Primer embarazo. Hacemos una foto a la ecografía y se la pasamos a TODOS nuestros contactos, la subimos a Facebook y llamamos a las futuras abuelas y tías. Un jolgorio.
Segundo embarazo: Me siento durante un buen rato en la sala de espera en estado de shock. No puedo ni hablar. Llamamos a la familia y más íntimos y decimos: “los dos están bien”. Tardé semanas en reaccionar.

LA BARRIGA
Primer embarazo. Todos y cada uno de los días siguientes al test de embarazo me miraba al espejo, veía la barriguita y pensaba ¡Ya se nota! La realidad es que ahora mi lorza se sentía libre.
Cuando ya por fin tenia forma de tripa de embarazada me empecé a poner todo aquello que me marcaba tipazo. Me encantaba pasear toá flamenca luciendo cuerpazo de preñá.
Y no puedo olvidar, la foto semanal que Papá Crusoe me hacia en la misma postura y en el mismo sitio, para reflejar la evolución.
Segundo embarazo. A pesar de tener una superbarriga desde la semana 9 no me di ni cuenta. Fue una comadrona quién me dijo: “Y con esta barriga ¿no sospechaba que serian dos?” Pues no señora, no. Pasé un par de semanas sin ponerme recta con lumbalgia a lo que tuve que sumarle el reposo absoluto por perdidas, ¿os acordáis de Po Zi ? Pues ese era mi aspecto. Tuve lo que se conoce como unas semanas de mierda fatales, eso sí, todo llevado con muy buen humor.
Del segundo embarazo debo tener unas 6 fotos.

ESTADO FÍSICO Y PREPARACIÓN AL PARTO
Primer embarazo. Yoga para embrazadas desde la semana 15, sesiones en grupo y otras exclusivas junto a Papá Crusoe. Hacia ejercicios de meditación. Salía a caminar habitualmente. No faltamos a ninguna de las clases de preparación al parto. Papá Crusoe me ponía aceite todos las noches en la barriga, hablaba con La Niña Robinson y compusimos una canción. Todo muy místico.
Segundo embarazo. Empecé yoga a la semana 20, y falté a unas cuantas sesiones. Intentaba hacer todos los ejercicios que proponían pero no podía hacer ninguno de ellos. No podía salir a caminar durante mucho rato, en mi embarazo múltiple la presión en el suelo pélvico era muy grande y dolorosa (recordad que hacia menos de año y medio que había parido). La barriga en la semana 22 parecía una de 37. Y alrededor de la semana 25 me recomendaron reposo. ¡Un lujo, vaya! Papá Crusoe intentaba ponerme aceita todas las noches, pero me quedaba dormida mientras iba a buscarla.

LA FAMILIA
Primer embarazo. La familia me mimaba, era el centro de atención. Todo era elogios: ¡Qué guapa estás! ¡Tienes una barriga perfecta! ¡Qué piel más estupenda!
Se ocuparon de que a nuestro bebé no le faltara de nada; sábanas, toallas y arrullos Made in Yaya Robinson como para 4 bebes. Bodys y primera puesta de diferentes tallas. Calcetines, manoplas, canastillas…de tó!
Segundo embarazo. La familia solo tenía ojos para la auténtica reina de la casa, La Niña Robinson. La Yaya Robinson venia a ayudarnos con la casa y comidas porqué: ¡Uy, que ojeras tienes! ¡Tienes muy mala cara! ¡Debes guardar reposo! Y el parto nos pillo sin ropa para los bebes, con las toallas heredadas y sin carro. Si, culpable. A las 30 semanas aun no habíamos comprado el carro gemelar. No me juzguéis.

Creo que con estos cinco ejemplos os podéis hacer una pequeña idea de cómo de diferentes fueron los dos embarazos.
¿Sabéis? No cambiaría ninguno de ellos.
El primero fue especial por la ilusión y la inocencia con la que nos enfrentamos a él. Disfrutamos cada día, era un punto y seguido una relación de tres años, era el inicio de un nuevo proyecto.
El Segundo fue algo que pocas mujeres pueden experimentar, sentir a dos bebes, es mágico y único. A pesar del cansancio y de los contratiempos con la llegada de los mellizos tendríamos esa gran familia que habíamos planeado. No podría ser mejor.