Hormonas, bebes y atontamiento

En unos días la niña cumple cinco años y  cinco años son los que he tardado en tener a mis hormonas a raya. El camino ha sido duro y lleno de lágrimas, tantas que hasta me avergüenza pensar en alguna de las situaciones ridículas que me han hecho llorar a moco tendido. Sé que os pica la curiosidad y que si os digo que he llorado con anuncios de televisión o canciones de Amaral no os sorprenderá, no es para tanto pensareis , ayyy si los adoquines de la calle o la parada del 27 hablase…. Dejar de llorar de emoción cuando veo un capítulo de Llama a la comadrona no ha sido la prueba definitiva que mis hormonas empiezan a pasar de mí, no, la prueba es que ya no lloro cuando alguien de mi entorno me dice que está preñada o acaba de dar a luz. Siento alegría, y punto.
Hasta hace bien poquito me moría de envida cuando veía una embarazada o una mamá amantando a un peque,  envidia que se multiplicaba si los renacuajos eran mellizos Nunca más volveré a sentir dos bebes dentro de mi…nunca más volverán a mamar…pobre de miiii (tono melodramático). Y de pronto, zasca…nada de nada.  Hasta me he alegrado de no ser yo la que está en estado de buena esperanza o con las tetas fueras y prometo que a pesar de estos pesamientos soy buena persona .
Los últimos dos años y medio han sido agotadores, ojeras hasta las rodillas, pelos revueltos, camisetas llenas de mocos (las mías no las de ellos), carreras, lumbalgias y hormonas cabronas. Y justo cuando empezamos a respirar, a poder salir sin parecer que nos mudamos de casa o  dormir a pierna suelta todas las noches,  me doy cuenta que los bebes ya no me producen ese atontamiento que me hacía desear ponerme a parir niños a diestro y siniestro. A veces pienso que lo que me sucede no es hormonal es empacho de bebes.  ¿Sabéis cuantos años llevo cambiando pañales? 4 años y 11 meses y 10 días, nada más que añadir.
Y que conste en acta que mis hijos en la escala de Richter son un grado 4, terremoto moderado, bastante tranquilos. Si le preguntáis a La Loli, la vecina de abajo, igual os dice que son un grado 8, destructivo 😉 No se queja pero estoy segura que se acuerda de la madre de mis hijos algún domingo a las 9 de la mañana.  A lo que iba,  miro atrás veo todo lo que hemos pasado y a pesar de añorar esos momentos y sentir que los meses se me escurren entre los dedos, me siento tremendamente feliz de estar en el momento que estamos y disfrutar de esta nueva etapa que se nos presenta llena de planes y experiencias.  No sé si las hormonas han vuelto a su sitio o al fin he madurado, pero yo ya no cambio más pañales…de momento!!

Papás y Lactancia Materna

Estamos en plena Semana Mundial de la Lactancia Materna y me apetece hacer una modesta aportación. Ahí va:

El primer mes del bebé es fundamental para llegar a lograr una lactancia exitosa y placentera. Es un mes duro, las hormonas nos juegan malas pasadas, tenemos que adaptarnos a la llegada de un nuevo miembro, físicamente no estamos al 100%…y además queremos alimentar a nuestro bebé con Lactancia Materna. Un cúmulo de circunstancias que nos pueden llegar a hacer la puñeta si no tenemos apoyo emocional y físico que necesitamos, y para esto (y muchas otras cosas) los papás son perfectos.
Desde mi humilde opinión de mamá que ha alimentado a tres niños con LM, dos de ellos a la vez y con muchas piedras en el camino, creo que los padres también dan el pecho, ¿comorrrrr? Bueno, no es literal. A lo que me refiero es que el papel padre en la lactancia materna es mucho más que la persona que se encarga de poner las lavadoras, fregar el suelo o vigilar a los mayores. Puede llegar a ser parte activa de la Lactancia Materna.
Todo empieza en el embarazo. Las madres nos lanzamos a comprar libros, leer revistas, blogs, etc. sobre crianza y lactancia. Es importante que los futuros padre se preparen tanto como la madre para la llegada del bebé. No es ninguna tontería que un padre lea sobre posturas para amantar o los beneficios de la LME. Ya sé que ver la tercera temporada de Juego de tronos es vital para muchos de vosotros pero imaginaros la escena: Estrenan la última temporada. Justo en el momento más emocionante tu retoño se pone a llorar…aaahhh…sales corriendo, tienes que preparar un biberón, dárselo, sacar los gases y volver dormirlo. También podría hacerlo ella , ¿no? Cierto, quién lo hace es lo de menos. Otra escena: Estáis en el mismo minuto del capítulo, llora el pequeños, lo coges, lo traes al sofá y se lo das a mamá que le da teta, el bebé come mientras veis el final y se duerme en el pecho. Os lo dice unos papás que se han visto Lost, Heroes y Fringe, entre otras, con un bebé o dos a la teta. Y no penséis que de esta forma el trabajo lo hice solo yo, ni mucho menos, Papá Crusoe siempre salía corriendo en busca del niño y se encargaba de llevarlo a la cama y ofrecerme todo lo que necesitara, me sentía muy relajada.
Es importante que a las sesiones de pre-parto vayáis los dos, siempre que sea posible. Estas clase un pequeño avance de lo que nos espera, no solo en el parto también de los primeros días de vida del bebé. Si las clases que ofrecen en el centro de salud no son completas existen centros especializados en crianza y que apoyan la LME. Nosotros optamos por sesiones de Yoga para los dos y las sesiones de nuestro centro. Nos fueron muy bien poder expresar dudas y compartir miedos y expectativas con profesionales. Papá Crusoe iba siempre con una libreta para tomar notas, graciosísimo.
En el momento del parto el papá debe estar preparado para poder expresar lo que queremos cuando nosotras no podemos hacerlo. Nosotros queríamos lactancia desde el minuto 1 y era importante que el personal sanitario lo tuviera claro, no nos importaba que no la pudieran pesar o lava. Así fue con La Niña. Papá Crusoe se encargó de recordarlo.
A los mellizos se los llevaron a la incubadora y tardamos algunas horas en verlos. Teníamos claro que queríamos dar LM y Papá Crusoe se fue a la farmacia a comprar un sacaleches, homeopatía para que me subiera la leche y fitoterapia indicada para las primeras semanas de lactancia. Me ayudaba colocar el sacaleches, me ponía compresas de aguan caliente y me daba las fuerza que yo no tenía.
Una vez en casa el papá puede hacer algo más que “ayudar en las tareas del hogar” (me cabrea oír esto cuando dan por hecho que las tareas son cosas de las mujeres). Puede ofrecernos un caldo caliente y sentarse a nuestro lado mientras amamantamos y disfrutar de ese gran momento. Puede ocuparse del baño, de los pañales, de acunar con sus brazos, vestir…de todo lo que quiera o pueda. Nosotras nos tenemos que recuperar físicamente del esfuerzo de un embarazo y un parto.
Las primeras semanas los bebes se pasan muchas horas al pecho, unos con tomas cortas, otros largas, otros se duermen sin soltar la teta, hay tantas lactancias como niños. El primer mes de los mellizos en casa me pasaba unas 10/11 horas de 24 con un niño en la teta y me encantaba. Aprovechaba las tomas para sentarme, relajarme y descansar. La Niña era muy pequeña y el tiempo entre tomas era todo para ella. Fueron meses agotadores físicamente, después de una toma de los mellizos me temblaban las piernas y ahí estaba Papá Crusoe con un buen bocata y un zumo.
Las tomas que me ponía a los dos al pecho para optimizar, me sentaba y Papá Crusoe me colocaba a los niños, uno en cada teta, cogía la cabecita y tocaba la barbilla, calculaba la posición y listos. Conoce las diferentes posiciones y eso es fundamental.
Por último, el papá debe recordar a la mamá, sin presionar, en los momentos duros porqué han decidido LM. A veces el entorno mas alguna piedra en el camino de la LM nos hacen dudar y el papá debe ser un gran apoyo para poder seguir. Si finalmente decide abandonar debe respetar su decisión.

Aquí os dejo los enlaces de donde explico mis lactancias, Una mama para dos y La mamá Robinson

PRIMER EMBARAZO (ÚNICO) VS SEGUNDO EMBARAZO (MÚLTIPLE).

 Advertencia:
Este post no está basado en datos científicos. Todo lo que lean es fruto de mi experiencia, sin informaciones contrastadas ni otras opiniones. Cualquier parecido con vuestras realidades es purita casualidad.
No quiero asustar a las futuras mamás ni aquellas que se estén plantando volver a ser madres. ¿Ok?
Antes de empezar debo contextualizar el segundo embarazo; me quedé embarazada del Rubio y el Moreno cuando La Niña Robinson tenia 18 meses. Para que os hagáis una idea de cómo de diferentes fueron,  os dejo un resumen de mis dos embarazos basándome algunos de los aspectos claves para mi:

PRIMERA ECOGRAFÍA (12 semanas de embarazo)
Primer embarazo. Llegamos a la ecografia con esa cara de primerizos que solo reconoces cuando ya tienes otro hijo. Nos miramos y sonreímos. Estamos muy nerviosos. Empieza. Todo bien. Vemos a La Niña Robinson. Pensamos que esa mancha gris es preciosa. ¡Dios! Se nos caen las lágrimas de ilusión, nunca antes había visto algo tan lindo.
Segundo embarazo. Llegamos con ilusión y con ganas de saber que todo esta bien. Miramos a los primerizos de la sala. Entramos algo nerviosos. Y la cosa va más o menos así:
– Bueno…son dos.- dice la ecografa que piensa que ya lo sabemos.
– ¡Ostía Puta , Cáspita, mi niña!- sollozo yo.
– ¡Olvídate del negro! –me susurra Papá Robinson con voz temblorosa y el rosto pálido

Aclaración: nuestra idea era empezar los trámites de adopción del que debía ser nuestro tercer hijo durante el embarazo del segundo y queríamos adoptar en África. ¡Qué nadie se ofenda! Poneros en nuestra piel.

SALIDA DE LA ECOGRAFÍA.
Primer embarazo. Hacemos una foto a la ecografía y se la pasamos a TODOS nuestros contactos, la subimos a Facebook y llamamos a las futuras abuelas y tías. Un jolgorio.
Segundo embarazo: Me siento durante un buen rato en la sala de espera en estado de shock. No puedo ni hablar. Llamamos a la familia y más íntimos y decimos: “los dos están bien”. Tardé semanas en reaccionar.

LA BARRIGA
Primer embarazo. Todos y cada uno de los días siguientes al test de embarazo me miraba al espejo, veía la barriguita y pensaba ¡Ya se nota! La realidad es que ahora mi lorza se sentía libre.
Cuando ya por fin tenia forma de tripa de embarazada me empecé a poner todo aquello que me marcaba tipazo. Me encantaba pasear toá flamenca luciendo cuerpazo de preñá.
Y no puedo olvidar, la foto semanal que Papá Crusoe me hacia en la misma postura y en el mismo sitio, para reflejar la evolución.
Segundo embarazo. A pesar de tener una superbarriga desde la semana 9 no me di ni cuenta. Fue una comadrona quién me dijo: “Y con esta barriga ¿no sospechaba que serian dos?” Pues no señora, no. Pasé un par de semanas sin ponerme recta con lumbalgia a lo que tuve que sumarle el reposo absoluto por perdidas, ¿os acordáis de Po Zi ? Pues ese era mi aspecto. Tuve lo que se conoce como unas semanas de mierda fatales, eso sí, todo llevado con muy buen humor.
Del segundo embarazo debo tener unas 6 fotos.

ESTADO FÍSICO Y PREPARACIÓN AL PARTO
Primer embarazo. Yoga para embrazadas desde la semana 15, sesiones en grupo y otras exclusivas junto a Papá Crusoe. Hacia ejercicios de meditación. Salía a caminar habitualmente. No faltamos a ninguna de las clases de preparación al parto. Papá Crusoe me ponía aceite todos las noches en la barriga, hablaba con La Niña Robinson y compusimos una canción. Todo muy místico.
Segundo embarazo. Empecé yoga a la semana 20, y falté a unas cuantas sesiones. Intentaba hacer todos los ejercicios que proponían pero no podía hacer ninguno de ellos. No podía salir a caminar durante mucho rato, en mi embarazo múltiple la presión en el suelo pélvico era muy grande y dolorosa (recordad que hacia menos de año y medio que había parido). La barriga en la semana 22 parecía una de 37. Y alrededor de la semana 25 me recomendaron reposo. ¡Un lujo, vaya! Papá Crusoe intentaba ponerme aceita todas las noches, pero me quedaba dormida mientras iba a buscarla.

LA FAMILIA
Primer embarazo. La familia me mimaba, era el centro de atención. Todo era elogios: ¡Qué guapa estás! ¡Tienes una barriga perfecta! ¡Qué piel más estupenda!
Se ocuparon de que a nuestro bebé no le faltara de nada; sábanas, toallas y arrullos Made in Yaya Robinson como para 4 bebes. Bodys y primera puesta de diferentes tallas. Calcetines, manoplas, canastillas…de tó!
Segundo embarazo. La familia solo tenía ojos para la auténtica reina de la casa, La Niña Robinson. La Yaya Robinson venia a ayudarnos con la casa y comidas porqué: ¡Uy, que ojeras tienes! ¡Tienes muy mala cara! ¡Debes guardar reposo! Y el parto nos pillo sin ropa para los bebes, con las toallas heredadas y sin carro. Si, culpable. A las 30 semanas aun no habíamos comprado el carro gemelar. No me juzguéis.

Creo que con estos cinco ejemplos os podéis hacer una pequeña idea de cómo de diferentes fueron los dos embarazos.
¿Sabéis? No cambiaría ninguno de ellos.
El primero fue especial por la ilusión y la inocencia con la que nos enfrentamos a él. Disfrutamos cada día, era un punto y seguido una relación de tres años, era el inicio de un nuevo proyecto.
El Segundo fue algo que pocas mujeres pueden experimentar, sentir a dos bebes, es mágico y único. A pesar del cansancio y de los contratiempos con la llegada de los mellizos tendríamos esa gran familia que habíamos planeado. No podría ser mejor.