La importancia del juego en la familia por Vincles per Crèixer

Hola tribu!
Hoy os presento a alguien muy especial con quién compartimos durante muchas semanas el privilegio de jugar en familia. “Jugar en familia” fue un espacio creado y dinamizado con mucho amor por  la psicopedagoga Demelsa Arjona  y del que disfrutamos  junto a otras familias de la ciudad.
Demelsa  es la responsable de Vincles per crèixer (Vínculos para crecer) un espacio de Asesoramiento Psicopedagógico, dirigido a todas las edades y etapas de la vida, donde el aprendizaje y la evolución sea una parte importante para el desarrollo de la persona, basado en una pedagogía sistémica, positiva y respetuosa. Aquí os dejo una líneas superintersantes que ha escrito para nosotros

vincles

La importancia del juego en la familia

De todos es conocido que los niños estarían todo el día jugando, si no fuera porque nosotros, los padres, vamos detrás diciéndoles: “venga ven aquí deja la pelota y ven a comer”, “recoge todos los juguetes ya y ven a ponerte el pijama”, entre otras miles de frases que salen de nuestra boca casi de forma automática. Y ¿por qué? Pues muy fácil porque la característica primordial de un niño es que le gusta jugar, así de sencillo. Porque jugando el niño aprende, porque jugando crece, porque su imaginación y curiosidad no tiene límites. A pesar de que el cansancio pueda con ellos, no quieren dormir, quieren seguir jugando, dormir es una traición porque pierden tiempo para jugar, así es cómo lo ven nuestros pequeños juguetones.
Nos desquiciamos porque no nos hacen caso, porque les repetimos las mismas cosas una y otra vez, porque nos agotan, porque sólo quieren moverse, sacar cosas, chutar una pelota, montar en un patín, removerlo todo,… sin darnos cuenta que tenemos la solución delante de nuestras narices y no la vemos.
El juego forma parte de sus vidas… y si lo incluimos en parte de la nuestra?
Alguien me dijo una vez que para traer a un niño a tu mundo primero debes acercarte al suyo, pedirle permiso para entrar, quedarte un rato jugando juntos y finalmente proponerle si quiere ir al tuyo a conocerlo. ¡Muy pocos se resisten a ésto!
De aquí, la importancia del juego dentro del ámbito familiar, veámoslo como un cómplice, como un amigo, incluyámoslo en nuestras tareas, juguemos, pensemos como piensan nuestros hijos, pongámonos cada pieza de ropa que les quitemos , en la cabeza, mientras les ponemos el pijama, persigámonos mientras yo barro y tu recoges la habitación, cantemos mientras hacemos la cama, vamos a dedicar tiempo a jugar, pongamos música, bailemos en casa, permitámonos hacer el loco con ellos, con nuestros hijos, no sólo conseguiremos que recojan la habitación, o que se coman la cena, sino que lo pasaremos bien y compartiremos momentos únicos que reforzarán nuestro vínculo, nos aportará complicidad y mejorará la confianza y las relaciones entre unos y otros. Volvamos a ser niños con nuestros hijos.
Escrito por Demelsa Arjona

Mala conciencia.

Hoy tengo mala conciencia y me va recomiendo por dentro y me recuerda varias veces al día todo aquello con lo que no estoy cumpliendo, lo que se  conoce como una jodida conciencia . Son varias las razones por las que me está machacando, aunque de momento resisto a sus encantos, empiezo a flaquear, me ha tocado donde duele: los hijos (ya os advertí que es una capulla de verdad).
Los dos últimos sábados los tres niños se han ido a dormir a casa de los abuelos, Papá Crusoe tiene que estudiar y un poco de tranquilidad se agradece. No os creáis que ha sido un gol que le hemos metido a los abuelos, ni mucho menos, con estas dos noches hemos saldado la deuda que teníamos con ellos, habéis escuchado alguna vez eso de: Nunca nos dejas a los niños, a mi amiga le llevan los nietos todos los fines de semana. Aclaración: los abuelos vienen de lunes a viernes a llevar a los niños al cole y les dan de comer, vamos que se puede decir que los ven bastante y de paso nos ayudan una barbaridad.
El primer sábado los dejé a la hora de comer y volví a casa para disfrutar de la tranquilidad y el silencio. Me pasé la tarde en el sofá  con mantita y libro, por no hacer no hice ni la cena, ni una lavadora, ni ordenar un cajón, nada de nada. Al día siguiente los recogí con alegría y muy descansada. El segundo sábado los volví a dejar por la mañana y me fui de rebajas , al super, comí con Papá Crusue, vi un telefilm  e intenté levantarme a poner una lavadora y doblar una secadora. Digo intenté por qué no lo conseguí, me quedé en el sofá leyendo y no lo disfruté. La casa estaba en silencio, un silencio molesto, quería salir corriendo a buscar a mis niños pero los niños no iban a querer volver, se lo estaban pasando pipa con los abuelos. Y me sentí triste. El domingo al recogerlos tenía ganas de llorar, me sentía fatal por haberlos dejado para tirarme en el sofá,  ni tan solo había ordenado la ropa  o cocinado para la semana, jodida conciencia!
No solo me ataca con los niños o las tareas pendienetes, también lo hace con mi vida 2.0. Hace ya un par de meses que he tengo el blog medio abandonado,  no es por falta de ideas, tiempo o ganas, ni mucho menos, justo la vida de madre me está dando un respiro después de 5 años y estoy descansando. Nada de blog ni ordenador por la tarde o noche, voy directa al sofá y me pongo a leer o a ver una serie, me relajo y me encanta la sensación de recuperar viejos hábitos, no imagináis cuanto echaba de menos leer ( y más ahora que me han regalado un Kindle!!!).  Pero no es oro todo lo que reluce y ahí está la jodida conciencia diciéndome que debería escribir, y en el fondo sé que tiene razón, y ahora no estoy escribiendo por ella, lo hago por mí, lo echaba de menos.
En fin, serafin, estoy empezando a coger cariño a esa jodida conciencia que me acompaña en mi paseo por la vida, sin ella mi vida no sería lo mismo,  no tendríamos calcetines limpios….de todas las tareas de la casa poner lavadoras es la única que no dejo hacer a  Papá Crusue, mi ropa es sagrada!!!
Para acabar os dejo uno de los  últimos libros que he leído y que cuando cayó en mis manos por casualidad en la biblioteca no me pude resistir.

la-mujer-que-vivio-un-ano-en-la-cama-9788467025477Datos del libro
Nº de páginas: 424 págs.
Editoral: ESPASA LIBROS, S.L.U.
Lengua: CASTELLANO
ISBN: 9788467025477
Resumen del libro El día en que sus hijos, unos gemelos superdotados, se marchan a la universidad, Eva cruza la puerta de su casa y se mete en la cama en pleno día. No está enferma. No está cansada. Y, desde luego, no tiene una aventura. Simplemente, ha llegado el momento de decir basta. Una novela delirante y profunda sobre lo que sucede cuando alguien deja de ser lo que los demás desean que sea. Una sátira brillante sobre la familia y la sociedad modernas.

Hábitos saludables

Hay una serie de hábitos, costumbres y actos que toda buena mala madre debe adquirir, mantener o recuperar, por ella, por su pareja y por sus hijos. Son importantes, diría que son vítales para que pese a las noches en vela, los kilos adheridos al flotador o las ojeras hasta las rodillas no perdamos la sonrisa y el buen humor. Ahí van algunas propuestas:
1-. Bailar. No vale bailar cantajuegos o Violeta. Hablo de bailar sola, da igual si la música no suena, si solo tarareamos una cutrecanción, bailarrrrrrrrrr…….desmelénate!! Recuerda tus noches locas con un cubata en la mano y mueve el esqueleto!
2-. Tomar un café sola, en una cafetería tranquila y mirando al infinito, sin que parezca que estas pensado que has dejado la secadora puesta y cuando llegues no habrá quién planche esos tejanos. Disfruta de algo tan simple como  escuchar la conversación de la mesa de al lado. Pequeños placeres de la maruja que llevo dentro.
3-. Cenar a solas con tu pareja. Vital. Es importante cenar en familia  pero no es delito guardarse un día para estar solas, cenar cuatro delicatessen tonterías , charlar de tonterías y reír.  Yo reclamo todos los sábados mi cena especial y no acepto un no.
4-. Viva el vino!!!!  Tomarte una copa de vino, una cerveza fresquita o un GT después de acostar a los niños. No se crean ustedes que me he lanzado al alcohol, pero una copita de vez en cuando me sienta de maravilla, la saboreo y oye, me quedo en el sofá con un gustirrin…
5-. Hacerte la dormida en el sofá. Es algo que requiere práctica pero una vez que controlas la técnica te libras de levantarte a dar agua a los peques, buscar la zapatilla de la niña o llevar a los melliz al lavabo. Mientras escribo me doy cuenta que estoy cavando mi propia tumba desvelando mi habilidad más oculta, Papá Crusoe me lee. No digo más. Este punto es de muy mala madre, no?
6-. Salir corriendo a darte una ducha largaaaaaaaaaaaaaa, en cuanto los abuelos entran por la puerta, sin importarte que te hayas duchado hace tan solo unas horas. No es una cuestión de higiene es de soledad y privacidad, no tengo muchas oportunidades de ducharme con la puerta cerrada, así que a la mínima aprovecho.
7-. Llamar a casa a la hora de salir de trabajo, si los niños están bien y ya hacen la sienta, fingir que te tienes que quedar un rato e irte de compras o  pasear. Pobres abuelos, jijijiji….
8-. Hacer extraescolares o en nuestro caso extratabajo o extraniños, buscar algo divertido, alguna inquietud y a por ella. Yo voy todos los lunes a las 20h a bailar bollywood y me lo paso teta.
9-. Sentarte frente al armario y dedicar 5 minutos a pensar que te vas a poner. Peligroso porqué 5 de cada 7 días pienso que necesito una camiseta, un pantalón o una chaqueta para combinar y acabo comprando algo.
10-. No desvelar nunca donde escondes el chocolate. Nunca. No te escondas cuando ellos estén en casa, te pueden pillar, espera a que estén en el cole o dormidos. Hay cosas que no se comparten. He dicho.

Con esto acabo. Pensad en estos puntos, crear los vuestros y disfrutad de la maternidad.

Me sobra amor pero me faltan manos

“Me sobra amor pero me faltan manos” ha sido mi descripción desde que nos convertimos en familia numerosa. Tener tres hijos no es tarea fácil, se lo aseguro. Las familias numerosas nos cargamos de dosis extras de paciencia, organización, bueno humor, más paciencia, serenidad, positivismo, valentía, optimismo y un poco más de paciencia. Mientras estos ingredientes sigan en el saco no habrá problemas. Pero no nos engañemos el equilibrio es complicado mantener, si no es por H es por B  y tambaleamos a menudo. Estas semanas han sido de movimientos sísmicos en casa de los Robinson. No se alarmen, no hemos llegado al terremoto.
Vuelvo al principio, “me sobra amor pero me faltan manos”, ahí está el tema. Hasta ahora repartía besos, abrazos y jolgorios de manera espontánea, niño que caía en mis manos, niño que era asaltado por la mamá babosa que llevo en mí. Hace semanas llegaron a casa el Yo también, mimitos, a mí, ¿y yo qué?…  La cuestión es que la vida no me da para más. Me paso las tardes achuchando niños. Los días más civilizados hacen fila, el resto se tiran encima  y reivindican su beso, pedorreta, cosquillas…a riesgo de espachurrarme, con suerte en el sofá. No son celos, ni mucho menos, creo han aprendido a expresar sus necesidades emocionales y tienen competencia. Podrían enfadarse con sus hermanos pero ninguno de ellos lo hace, si quieren besos los pide y punto.  Aún así, estoy al borde de la locura, creedme. Intentar adelantarme al Yo también,  es agotador, requiere concentración y diez ojos, pero en ello estamos.
Por suerte, los temblores se pasan rápido, y cada día me regalan escenas fraternales que harían babear a cualquier madre. Ayer los escuchaba reír a carcajada limpia mientras jugaban a mamás y bebés. Nosotros estábamos en el comedor y  Olivia, la mamá, les decía a sus bebes: Venga, guapos a dormir a la cuna. Buenooo, podéis dormir conmigo. Después de esto las risas solo iban en aumento y decidimos espiar. Estaban los tres en nuestra cama tapados hasta la cabeza y sin luz. El juego más simple del mundo y se lo pasaron en grande. No necesitaron juguetes. Son tres hermanos a la hora de compartirnos y son tres hermanos para  disfrutar juntos. Me encanta en número 3.

Experta en amores

Hola Mundo!
Llevo un mes en silencio bloguero no por voluntad propia sino por decisión de mi tos y del cansancio que se ha apoderado de mí. Aún no estoy recuperada pero me apetecía compartir esto con vosotr@s.
A Olivia le encanta dibujar y en cuanto encuentra un papel, da igual que sea un folio en blanco que la publicidad del Carrefour, hace un dibujo. Últimamente le ha dado por las tarjetas personalizadas, una para su amiga Alba, otra para la tita, para Papá…y por supuesto para mí.
Este es una de las últimas tarjetas que me hecho y según ella, es lo que hacen los cuatro cuando duermo el fin de semana( nos solemos turnar para madrugar).

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El monigote horizontal de la izquierda con los ojos cerrados soy yo. De izquierda a derecha están: Nilo el rubio y chiquitin, sigue Olivia con su pelo largoooo (que en persona no le llega ni a los hombros), Papá con sus gafas y el último es Fèlix con el pelo rizado y más grandote.
Cuando acabó mi tarjeta dibujó otra para Papá pero sin corazones, el suyo tenia un arcoiris:
– Para papá un arcoiris porqué es un pintor estupendo
– Jo, yo quiero un arcoiris- replico yo.
– Tú tienes corazones porqué eres una experta en amores.
Y solo puede comérmela a besos. Me chiflan estos pequeñas cosas que les hacen tan grandes y especiales. Olivia crece muy rápido y sus reflexiones son cada día más interesantes y divertidas. Hoy estaban los tres muy excitados y he pedido a Olivia que se tranquilizase, a lo que ha contestado: Mamá es que la cabeza me funciona muy rápido!! Ante eso no tengo nada que añadir, ¿no creéis?

Gracias abuela

Hace más de 10 años que mi abuela materna murió y por fin me he reconciliado con ese día.
Mi abuela Marucha vivía el León y yo en Barcelona. Desde niña pasaba los veranos en su casa y venían a visitarnos con frecuencia. Siempre me he sentido muy unida a ella. No lo puedo expresar con palabras pero seguro que me entendéis.
Marucha estaba orgullosa de haber superado un cáncer de mamá y mostraba con alegría que ya no tenía pecho, había sobrevivido.  Durante muchos años su marido, mi abuelo, Goyo estuvo muy enfermo  El día que mi abuelo se fue me pude despedir.
Ya sin mi abuelo, ella vino a pasar unos meses con nosotros a Barcelona. Después de la muerte de su amor su mente empezó a huir. Pasaba muchas horas con ella. Me explicaba  cosas sin sentido, para mí, pero importantes para ella. Hablaba de su niñez, del barrio, de Asturias…Me encantaba escucharla. A los pocos meses de estar con nosotros le detectaron cáncer de huesos y ya no había nada que hacer. Fue todo muy rápido. La familia decidió que debía pasar sus últimas horas en León, en su tierra y con su gente. Mi madre se fue con ella. Y yo viajaría a los pocos días. Tenía un billete de bus para un viernes a la noche y ese viernes por la mañana murió. No me esperó. No pude despedirme. Y eso me ha estado doliendo hasta hace poco.
De todos sus objetos, ella decidió que me quedará con su Medalla de la Madre. La medalla me acompaña en cada momento importante de mi vida. Me dejó su Medalla de la Madre.
Ella tuvo cuatro hijos: el mayor, los mellizos (segundos) y a mi madre, la pequeña. Estaba orgullosa de todos, pero sobretodo se sentía  especial  por ser madre de mellizos. Hablaba de cómo nacieron en casa, de cómo les deba el pecho, de cómo dormían, de las trastadas que hacían….Mi abuela me dejó su Medalla de la Madre y de ella heredé la posibilidad de tener mellizos. Ella lo heredó de su madre, que tuvo tres partos de mellizos, tres! Mi tío, uno de los mellizos, tiene mellizos y ahora yo tengo mellizos. Todos varones y muy diferentes entre sí.
Cuando me dijeron que venian dos pensé en mi abuela, y en mi madre que siempre quiso tener mellizos y no los tuvo. Durante las primeras semanas de embarazo me sentí enfadada pero pronto pensé que eran un regalo. Ahora estoy convencida que mi abuela me cuida, me da fuerzas y protege a mi familia. Sé que no es casualidad que yo tenga tres hijos, me tocaba, debía ser así y eso me hace tremendamente feliz, me acerca  y me reconcilia con ella, no necesitaba despedirse de mi porqué siempre vamos a estar unidas. Somos madres.
Gracias Marucha y Goyo. Os quiero.

Mis tios hace 70 años
Mis tios hace 70 años

Fue bonito mientras duró, bye-bye Madrehistérica

¿Conocéis a Madrehistérica?
Madrehistérica es un espíritu malvado que se apodera de las madres en sus momentos más bajos e intenta ganar terreno en nuestro interior. Si no es expulsado a tiempo estamos perdidas. Dice la leyenda que también existe el espíritu de Padrehistérico pero rara vez se deja vez…
Hace algunas semanas el espíritu de Madrehistérica se apoderó de mi ser. ¡De mí!  Que presumo de ser paciente y tranquila, que odio los gritos. ¡De mí! Que me mantengo fiel a mi teoría (un poco patillera y sin ninguna base científica) defendiendo que si tu hijo se cae y sales corriendo en su busca gritando ¿estás bien????? Y lo examinas palpando cada milímetro de su cuerpo el niño se pone más nervioso y llora el triple. ¡De mí! Que soy capaz de vigilar a mis tres hijos dejando unos metros de distancia, a riesgo de acabar con los ojos más despistados que Leticia Sabater o el Dioni. Pues sí, señoras y señores, Madrehistérica se ha apoderado de mí.
Todo empezó en un Macrochikipark donde nos invitaron a un cumple. Cada dos minutos perdía un mellizo de vista, uno se enterraba entre las bolas ignorando la posibilidad de ser espachurrado por sus iguales y el otro intentaba huir del circuito mal pensado para niños de 2 a 4 años. Por no hablar de la niña que se lanzó a un circuito por encima de sus posibilidades. Para resumir os diré que sudamos la gota gorda. El momento álgido de la tarde fue cuando Papá Crusoe apareció con un niño ajeno y me preguntó si era de nuestro cumple, acabé gritándole como una buena Madrehistérica algo así : Mira, chato ¿ te parece poco tener que vigilar a tres niños? Oye, que se preocupen sus padres… Me sigo avergonzando de tan cruel respuesta, era un pobre niño perdido.
Después de la terrorífica tarde en el Macrochikipark los episodios de Madrehistérica se han ido repitiendo en cada una de nuestras salidas familiares, que no ha sido pocas.
Este fin de semana fuimos al Laberinto de Horta, después de estar a punto de perder a un mellizo en varias ocasiones en medio del Laberinto y con mi corazón al borde de la taquicardia, decidimos pasar un rato en una zona infantil a la salida. Aún tengo pesadillas. La zona de grandes era muy difícil para Olivia y la de pequeños era muy fácil. Decidió arriesgar y se quedó atascada varias veces. Los mellizos decidieron tirar cada uno para un lado. Madrehistérica se apoderó de mi con más fuerza y mala leche que nunca. Empecé a gritar: Se acabó, nos vamos. ¡O estáis todos junto o nos vamos! Oliviaaaaaaaaaaaa, Fèlixxxxxxxxxxx, Nilooooooooooooooooooo. Los niños no entendían nada pero Papá Crusoe, que empieza a sospechar que Madrehistérica puede que haya venido para quedarse, recogió a los niños y nos marchamos todos a casa.
A la mañana siguiente me senté con Olivia para planear el día. Propuse paseo por la montaña y un rato de parque y ella contestó con un tono pausado y maduro : Vale mamá, pero cuando unos niños van al parque la madre no tiene que gritar todo el rato cuidado, todos juntos, no corráis…Mamá, tenemos que disfrutar, ¿de acuerdo?
De acuerdo, hija. Prometo que he expulsado para siempre a Madrehistérica de mi cuerpo. Prometo que respiraré varias veces antes de gritar. Prometo que seguiré vigilando en la distancia. Prometo que os dejaré caer si es necesario. Prometo que volveré a disfrutar y os dejaré disfrutar.

Si alguna de vosotras se cruza con Madrehistérica huid, huid, huid…..