Tardes de parque

Con la llegada del buen tiempo volvemos a recuperar la sana costumbre de pasar la tarde en el parque a la salida del cole. El momento parque es innegociable, no hay soborno que funcione para librarnos. Se lo pasan genial.  En las últimas semanas me ha dado por observar a las madres y padres “de parque”, ¡por si no tuviera suficiente con vigilar a tres niños! Después del trabajo de campo (abandoné Antropología por la maternidad, de ahí mi obsesión de observar) he podido catalogar a los “Papas de parque” en diferentes categorías, aquí os dejo algunas:

  • Padres come pipas: es esa madre o padre con hijos mayores de 5 años que  se sienta siempre en el mismo banco rodeada de otras mamás de la misma categoría, con una bolsa de pipas, quicos o palomitas, a parlotear sin parar. Tienen un puntito maruja y conocen a todo el barrio.
  • Padres “populares”: son aquellos a los que todo el mundo conoce y manejan información útil, como las fechas de las excursiones o actividades infantiles del fin de semana. Suelen pertenecer al AMPA del cole.
  • Padres dinamizadores: De estos en cada parque solo hay uno o dos. Son los que acaban rodeados de niños proponiendo juegos y a los que el resto de padres confía el cuidado de sus niños mientras ellas o ellos comen pipas. Llegan cargados de tizas de colores, pelota, cubitos, palas…
  • Padres solitarios: Van al parque por que no tienen opción. Algún profesional con mala leche les ha aconsejado que sus hijos necesitan socializarse y no deben pasar la tarde en casa viendo la tele. Tienen pocas ganas de hablar con otros padres.
  • Ipadres: padres enganchados a su Iphone,  su actividad principal consiste en hacer fotos a las manos de sus hijos mientras juegan con la arena para colgarla  en Instagram, wathsepear con sus colegas o consultar Facebook.
  • Padre de “cuidado”: son padres estresados y que estresan. Corren de un lado al otro vigilando a sus pequeños terremoto, intentado que no se haga una brecha en la cabeza, constantemente gritan “cuidadoooooo”.
  • Padres 2.0: observan todo lo que pasa a su alrededor y anotan las ideas para futuros posts o retrasmiten, vía twiter,  lo que sucede cada mínuto. Ejemmm…. 😛

A mi me gusta ir al parque y ¡a mis hijos más! Seguro que os encantaría saber qué tipo de padres somos Papá Crusoe y yo, ¿verdad? Estamos entre los dinamizadores, con tres hijos es por obligación, los 2.0 y un poco de los populares. Y vosotros, ¿qué tipo de padres de parque sois? Se admiten categorías.

 

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Los hijos imperfectos

Hace algunas semanas me encuentro en sala de espera del médico una madre y una hija a las que observo  con cierta  perplejidad. La madre en cuestión se dedica a dar el coñazo a su hija sobre cómo hacer los dibujos, cómo colorear,  sentarse, hablar… Lo que se conoce como madre peñazo. Enseñar a tus hijos no es malo, es recomendable y necesario, lo que me tiene alucinada es la insistencia y el autoengaño.
Una de esas tardes la niña, que tiene 4 años, quiso hacer una dibujo. La madre se sentó junto a ella, y empezó a corregir todo lo que hacía: “Los brazos no van ahí, el sol es amarillo, los ojos no están alineados, no te salgas de la línea al colorear, cuidadoooo”. La niña resoplaba. Una vez acabó el dibujo se lo enseñaron a uno de los sanitarios que rondaban por el centro. El hombre alucinó, era un dibujo perfectamente coloreado y proporcionado. La madre muy orgullosa aclaró: “¡Pepita dibuja muy bien, nunca se sale de la líneas, y ¡solo tiene 4 años!” ¿Cómorrr? ¿A quién están engañando? Al señor no, desde luego,  ni le va ni le viene si la niña dibuja bien o hace pegote.
Desde entonces pienso mucho en esa escena y me pregunto si alguna vez soy así. Seguro que si. A todos nos justa presumir de las monerías y capacidades que tienen nuestra prole. ¿Cómo puede afectar a su desarrollo esta exigencia y expectativa que ponemos en ellos? ¿Qué pasa con nuestros hijos cuando se dan cuenta que no son los que mejor dibujan? Los niños, en general, tienen poca tolerancia a la frustración. No les gusta perder ni que a su amiguito del alma le feliciten y a ellos no.
¿Cómo debemos actuar los padres frente a estas situaciones?
No lo sé. Todos queremos educar a nuestros hijos para que el día de mañana sean personas seguras y con una gran autoestima. Papá Crusoe y yo practicamos el refuerzo positivo . Aplaudimos las cosas que hacen bien. Las que no intentamos darle la vuelta para que no les genere frustración, reflexionando sobre la importancia real o buscando soluciones. A pesar del esfuerzo no podemos controlar lo que la Niña siente cuando se da cuenta que no habla bien o no sabe escribir el número 4. Podríamos sentarnos horas y horas con ella repasado los números, quitarle importancia o corregirla cuando habla. No lo hacemos, dejamos que crezca sin presión, que madure, ayudamos cuando lo pide, mantenemos largas conversaciones con ella y vamos al logopeda. Leemos juntos y dibuja lo que quiere y como quiere ¿Es la opción correcta? No lo sé, vemos la evolución de  nuestros hijos y crecen felices, pero quizás nos estemos equivocando. La maternidad es una duda constante.
Y escribiendo esto me surge otro tema: niños y su exposición.
He de confesar que no me gustan los niños “estrella”. Esas escenas donde un adulto le pide al crío que bailé la canción de moda, o cuente un  chiste, me dan repelus. Confieso que ejerciendo de una buena malamadre caigo, y hago bailar a los mellizos el Gangnam Style. Después me arrepiento pero no me puedo resistir, es pá morirse de risa. No me gustan esos programas de TV donde un grupo de niños salerosos hacen preguntas a un famoso. Me cuesta entender a los padres que llevan a sus hijos a miles de castings. ¿Y si no triunfan? ¿Y si les dicen que no son lo suficientemente rubios? ¿o morenos? ¿Y si se dan cuenta que no son perfectos? Quizás tenga tendencia a sobreproteger a mis hijos de una frustración temprana pero los niños deben disfrutar, sentarse mal, mancharse, jugar…para poder crecer sin saltarse etapas. Y aprender a gestionar la  frustración, por supuesto, pero jugando pica-pared o intentando aprender el número 4, como niños.

 

 

Reencontrando a Mamá Robinson.

Hace cuatro años y tres meses me convertí  en madre y hace cuatro años y tres meses  maduré y cambié.  Sabía que con la maternidad  “perdería” cosas y “encontraría” muchas otras. Quería dar el paso, estaba preparada para dejar de salir, viajar menos,  no ir al teatro…durante algún tiempo.Pero no era consciente que mi identidad cambiaría  Os puede parecer una tontería pero me he propuesto reencontrarme, recuperar esas pequeñas cosas que me hacían ser yo y que echo de menos.
He pasado de ser la Yo a ser la madre de la Niña Robinson y ahora la madre de los Mellizos. Si con un niño pierdes identidad cuando tienes múltiples  ya te puedes tatuar tu nombre en la frente, serás la madre de los Mellizos, sí o sí.
Momento anécdota:
Una tarde venía cargada con pañales y bolsas, una señora me paro: “Eres la de los Mellizos, ¿verdad?” “Si” contesté. “Pues no debes cargar tanto peso , dame.” Me acompañó hasta casa cargando los pañales. Aún me pregunto quién puñetas era esa señora!!!!
Fin del momento anécdota.
Hasta hace unos meses  me hacía gracia pero  ahora  cuando  me llaman por mi  nombre en la puerta del cole de la Niña se me caen las lágrimas de la emoción. Seguro que muchas y muchos sabéis a lo que me refiero. Me encanta ser la madre de…, pero también me gusta que me llamen por mi nombre.  Mi táctica para conseguirlo es la siguiente: me he aprendido los nombres de todas las mamás y papás y me dirijo a ellas por su nombre. De esta manera están “obligadas/os” a aprenderse el mío. ¿Qué? ¿Os parece astuto? ¿O una tontería? De momento parece que funciona. 😛
Con la maternidad llegó algo que seguro os suena: me convertí en una mamá práctica y casual. Vaqueros, camisetas básicas y unas converse se convirtieron en mi uniforme. Los kilos y dos embarazos en dos años no han ayudado mucho a mantener mi parte más molona. Pero este invierno he dicho basta. Me propuse volver a ser Guay! Me compré unos cuantos vestidos, faldas y medias coloridas, un abrigo verde, unas botas macarras y un bolsos fashion. He relejado los pantalones vaqueros a los fines de semana , y no a todos, ojo.  Las faldas y los vestidos siempre han sido una parte característica de mí, me encantan y tenía muchas ganas de recuperar mi estilo. Espero que la economía familiar me permita hacer otra pequeña inversión en ropa para el verano. Ya os imaginaréis que la ropa pre-embarazos no me cabe ni en una pierna
Estas son las dos cosas que quiero recuperar parcialmente, ir en vaqueros y que le llamen la Mamá de… de vez en cuando, tampoco está tan mal.
Y vosotras/os, ¿queréis reencontraros?